BARCELONA, debido a su enclave estratégico en el Mediterráneo, ha contado con un puerto conectado al mundo durante cientos de años, lo que le ha permitido recoger el testimonio de diversas culturas, razas y religiones.
Como motor de la industrialización y su consecuente desarrollo, económico y artístico, dio lugar a nuevas propuestas de ocio, contando con una clara perspectiva innovadora y urbana. La ciudad ha ido labrándose una reputación a la hora de ofrecer un esmerado servicio, contando con la capacidad de seducir a sus huéspedes.
Sí añadimos a los factores anteriores, que cuenta con una asentamiento de población gitana, arraigada en la ciudad durante más de 500 años, constataremos que reúne todos los requisitos para ser una de las principales capitales del Flamenco.
PRE-FLAMENCO
Como punto de inicio a esta historia nos remontaremos al año 1425, esta es la primera fecha documentada de la presencia de población gitana en la península, como consta en los Archivos de la Corona de Aragón, y la ciudad elegida para ello fue Barcelona.
Corrían tiempos de cambios, las culturas “Andalusí” y Sefardí entraron en declive debido a las persecuciones propiciadas por los reinos Cristianos, en periodo de expansión. Estos, no contentos con la reconquista del sur de la península, emprendieron la aventura de cruzar el Atlántico rumbo a las Indias, se encontraron con un nuevo continente al que llamaron América, lo que supuso un nuevo orden mundial. Con el tiempo nace una nueva ruta que unió el mediterráneo, Barcelona, con América y su consecuente intercambio económico y cultural.
El pueblo gitano fue el encargado de conservar durante cuatro siglos: el legado “andalusí”, el sefardí y el africano, debido a la convivencia de estos pueblos en los arrabales de las ciudades, en situaciones de marginalidad. Este legado, conjugado con la memoria genético musical que llevaban del viaje desde la India hasta nuestros lares, el aliño de la diversidad cultural del folclore peninsular y las influencias de las nuevas músicas criollas, macero en secreto en el seno de las familias gitanas. Pero no será hasta llegado el siglo diecinueve, fruto de los viajes por estas tierras de los artistas Románticos europeos, que encontremos los primeros rastros de un nuevo fenómeno musical. Huyendo del clasicismo reinante, la intelectualidad encontró en personajes populares de nuestra iconografía, en particular, en el mundo gitano y su entorno, una gran fuente de inspiración. Gracias a buena parte de sus obras, este arte salió de la intimidad, dejando plasmadas las primeras huellas de lo que pocos años más tarde tendrá el nombre de Flamenco.
FLAMENCO
A mediados del siglo XIX, como cruce de diferentes culturas: jarchas mozárabes, crótalos griegos, cantos gregorianos, seguidillas y romances castellanos, lamentos sefardíes, sonidos negros, folclore del norte, músicas de ida y vuelta con América y el orientalismo del pueblo Gitano, se mezclan para dar lugar a un nuevo estilo musical que vino a llamarse FLAMENCO. Se expresa principalmente mediante el Cante, el Toque y el Baile, contando con diferentes estilos o palos, que forman el complejo árbol genealógico del Flamenco.
Será en el año 1846 cuando por primera vez se tiene testimonio escrito, como tal, de este nuevo género musical. Serafín Estébanez en su novela, “Escenas Andaluzas”, nos hace un retrato costumbrista de la Andalucía de la época, introduciendo a los cantaores gitanos: “el Planeta” y “el Fillo”, citando explícitamente que el estilo musical que interpretan tiene el nombre de flamenco, quedando así para la historia.
En ese mismo año, 1846, Prosper Mérimée, autor de la novela: “Carmen”, escribió una carta a la condesa de Montijo, con motivo de una de sus visitas a Barcelona:
“Ayer vinieron a invitarme a una tertulia con motivo del alumbramiento de una gitana. Nos encontramos unas treinta personas en una habitación. Había tres guitarras, y cantaban a voz en grito, en caló y catalán… “
Podemos apreciar, desde que se tiene constancia escrita que existe el flamenco, que Barcelona está conectada plenamente en esa frecuencia musical. Comparando los testimonios de Estébanez y Mérimée, encontramos elementos muy similares: el cuarto, el grito, el toque de la guitarra, el claro elemento diferenciador es el idioma utilizado, en Barcelona el caló y el catalán formaron parte de la forma de interpretar el cante, en Andalucía fue el castellano, el caló no tuvo protagonismo.
MODERNISME y FLAMENCO
En el periodo comprendido entre 1888 y 1929, Barcelona fue sede de dos Exposiciones Internacionales, lo que dio lugar a que la ciudad se saliese de las murallas. Con motivo del auge económico, debido a la aportación del capital y el espíritu empresarial de los indianos, motivado por la pérdida de las últimas colonias, acompañado de un potente proceso de industrialización, Barcelona se convierte en una ciudad emprendedora, con una rica actividad cultural y de ocio. La “Rosa de Foc”, como se conoció en esos años, será la protagonista de un nuevo fenómeno cultural y social: el Modernismo.
El Modernismo se manifiesta por la libertad que aporta a la creación artística, buscando la autenticidad por encima de la belleza. Esto hace que los artistas que siguen esta tendencia se interesen extraordinariamente por la música popular y en particular, por el Flamenco.
La vida bohemia se convierte en uno de los grandes mitos de la modernidad, inspirada en la idealización de los bohemios, del pueblo Gitano, de los que la historia del arte siempre ha tipificado como símbolo de una vida sin reglas y sin ataduras, libre de convencionalismos institucionales.
Aunque los Modernistas más famosos son arquitectos, los primeros artistas catalanes que asumieron esa tendencia fueron, Santiago Rusiñol y Ramón Casas, dos Flamencos.
Ramón Casas, adquirió fama en el Salon des Champs-Élysées, de París, al exponer su “Autorretrato vestido de Flamenco”, con lo que consiguió una invitación como miembro del salón de la “Société d’artistes françaises”.
De Santiago Rusiñol, cabe destacar su conocimiento del Flamenco, lo que le llevo a participar en el concurso de cante jondo de Granada, con el apodo del “Niño de Barcelona” o a organizar juergas flamencas sonadas en Sitges.
Otros muchos fueron los artistas que buscaron su inspiración en el mundo gitano y el Flamenco, destacando:
Juli Vallmitjana, dramaturgo de los bajos fondos, guio a Nonell y Picasso a través de las barriadas gitanas, donde aprendió a hablar el idioma de la Barcelona subterránea: el caló catalán, dejando testimonio en sus múltiples obras, sin duda fue un claro precedente lorquiano.
Isidre Nonell, dio rostro a los gitanos barceloneses, destaca en su obra los retratos del Somorrostro, a la vez que sus amoríos con alguna gitana. En el mundo musical de formación clásica destacaron: Isaac Albéniz, Enrique Granados o Enric Morera, que recogen en sus composiciones pasajes de la tradición flamenca.
“BARRIO CHINO”, el barrio flamenco de Barcelona
Fue uno de los barrios más picantes del mundo, donde todas las fórmulas permitidas, o no, del ocio contaban con una amplia oferta en sus locales. El barrio comprendía el triángulo formado entre: Colon, El Liceu y el Molino, donde los locales flamencos eran numerosos, ofreciendo una de las mejores ofertas del país. Fue conocido también como Distrito V, Sebastián Gasch, nos lo describe en una de sus crónicas:
“Es precisamente en este Distrito V donde os persiguen, implacables y obsesionantes, insistentes, los lamentos desgarrados del maravilloso cante, y donde os llega constantemente el eco conmovedor y dolorido de los tablados estremecidos, que se quejan patéticamente al ser fustigados vigorosamente por los tacones ardientes y desesperados, exasperados, de tantas bailaoras, subyugadas e hipnotizadas, por un ritmo seco y preciso, alucinante. Nuestra gente ignora que es precisamente en este distrito donde el Flamenco, sin gota de escenografía, se manifiesta con una crudeza terrible y con patetismo conmovedor. Puede que más puramente que en la misma Andalucía.”
CAFES CANTANTES
El flamenco sale del núcleo familiar, a mitad del siglo diecinueve, la primera fórmula para comerciarlo fueron: los Cafés Cantantes, donde los artistas se empiezan a profesionalizar. Los empresarios del espectáculo barcelonés apuestan por dicha fórmula, abriendo negocios, mayoritariamente en la zona comprendida entre Plaza Palacio y el barrio chino; algunos se aventuraron a instalar estos negocios en otras ciudades de Cataluña y en el resto del país. Los Cafés Cantantes contaban con un foyer, donde se alternaba, ofreciendo el servicio de café y restaurante, siempre acompañado de las mesas de juego, llamadas en la época, pateras. En los reservados o cuartos, la juerga podía durar hasta altas hora de la madrugada.
Citaremos algunos locales donde el Flamenco fue el reclamo: Cal Manquet, La Taurina, Los Cotos, Veloz, Granada en Cataluña, El Chiringuito, Ca L´Escanyo, Candelas, El Cangrejo o Casa Juanito El Dorado. Pero el local que gozó con contar con las mejores juergas fue el Villa Rosa, en la calle arc del teatre, donde actualmente se aloja el club de tecno Moog. El local regentado por el guitarrista Borrull, se convirtió en uno de los atractivos para cualquier persona que visitase la ciudad, gozó de fama internacional, contando en su cuadro con los mejores artistas.
LAS PRIMERIAS GRABACIONES DISCOGRAFICAS
Coincidiendo con la llegada del siglo XX, un nuevo factor vino a contribuir a que la presencia de flamencos en Barcelona fuese aún mayor, la instalación de casas discográficas, por donde pasaran a grabar sus cantes. Con la divulgación comercial, el fonógrafo y el gramófono, se convierten en una gran revolución en el flamenco. La voz de los artistas, sus cantes y sus distintos estilos llegaron con facilidad a los hogares, pudiéndose escuchar, una y otra vez, en bares y tabernas. La gramola del Manquet, se hizo célebre, al reproducir a los cantaores flamencos de moda.
El flamenco tenía un nuevo canal divulgador, perdió en espontaneidad pero ganó en popularidad. Los artistas dejaran grabados, para la posteridad, sus estilos personales: Antonio Chacón, Manuel Vallejo, La Niña de los Peines, El Cojo de Málaga, El Gorito, Antonio Merino, Niña de Linares, Niño de Almadén, Niño de Lucena, El Pena Hijo, Pepe Pinto, Manuel Torre, Juan Varea, Corruco de Algeciras o José Palanca, pasaron por los estudios barceloneses. Estos artistas aprovecharon sus periodos de grabación para actuar en los locales barceloneses.
OPERA FLAMENCA
La década de los años veinte, coincidiendo con la primera guerra mundial, la ciudad recibirá un gran número de burgueses e intelectuales europeos, huyendo de la guerra y con ganas de diversión, fue una etapa de verdadero esplendor para el flamenco en Barcelona. Los locales que ofrecen actuaciones de artistas flamencos, suben hacia el centro y se abren locales en el entorno de la plaza de Cataluña. El que mayor nombradía alcanzó fue la Bodega Andaluza, local abierto en los bajos del hotel Colón, actualmente sede de Apple, regentado por Miguel Borrull, hijo. Otro célebre hotel, el Ritz, también tuvo espacio para el flamenco, El Farolillo, que contó con su propio cuadro de flamenco, dirigido por Rayito.
También por esta época surge una nueva forma de difusión, la Opera Flamenca, celebrándose espectáculos, en plazas de toros y teatros. La idea no tenía que ver nada con la Opera y mucho con el flamenco, fue meramente una cuestión económica, se pagaban menos impuestos. Los promotores del espectáculo más destacados, la mayoría de ellos barceloneses, como Carcellé, Verdines o Montserrat, éste último cantaor aficionado, organizan giras por toda España con compañías, contratando a las nuevas figuras y artistas consagrados. Destacaron en esa época: Manuel Torre, Antonio Chacón, Pepe Marchena, Manuel Vallejo, la Niña de los Peines o Manolo Caracol.
CARMEN AMAYA
Fruto del esplendor de una ciudad, en esos momentos capital del Flamenco, surge la figura de Carmen Amaya, emblema internacional del baile Flamenco.
Nació en 1913, su madre Micaela, la parió en casa de sus abuelos, en una noche de tormenta, en un barrio eminentemente gitano: el Somorrostro, en el litoral barcelonés, la noche de todos los santos.
“Soy catalana de los pies a la cabeza”
Fue la segunda de once hermanos, de los que sobrevivieron seis: Paco, Carmen, Antonia, Leo, Antonio y María, todos con dotes flamencos, hicieron carrera a su lado. Aprendió a bailar con las olas del mar, Mediterráneo, que tenía en la puerta de su casa.
“hasta cuando me mandaba mi madre a algún recado, me iba marcando mis bailes”
Creció en un ambiente humilde y lleno de carencias, que siempre recordó con orgullo, buscándole el lado positivo:
“A épocas, me pelaban al cero y me daban petróleo para las liendres. ¡Cómo estaría, bailando con mi cabeza pelada y los ojos agachados como un burro, llenos de legañas, sin poderlos abrir por el humo del tabaco! Aunque lo que más me divertía no era eso, sino coger un trozo de cartón piedra, subirme al turón y tirarme sentada turón abajo.”
Su padre, José Amaya “El Chino”, guitarrista flamenco, fue el primero en ver que su niña tenía algo especial. Con 6 añitos, empieza a frecuentar los locales flamencos de esa Barcelona en ebullición, con la compañía de su padre en busca de dinero para llevar a su casa: “ganarse las habichuelas”, como decía ella.
“Cuando papá y yo llegábamos a casa, nos esperaban con ansia fuese la hora que fuese. Traíamos pan recién hecho, lo refregábamos con tomate y le metíamos jamón.”
En el Café Las Siete Puertas, en plaza Palacio, hoy reconvertido en restaurante, fue el primer local en el que se buscó la vida. Eran los años 20, corrían los francos, las libras, las liras y los marcos, a tutiplén, fruto de la llegada de burgueses europeos huyendo de la primera guerra mundial; a esa niña le brillaban los ojos al recoger las monedas que le tiraban al suelo, después de sus actuaciones.
Su padre fue el encargado de irle enseñando a la niña, todo lo que él sabía en torno al cante y al baile.
“Él cogía la guitarra y yo me ponía a bailar. Me decía: no, eso no, hazlo otra vez, así, eso; está bien, o está mal, o no entras a compás. Todas las cosas las sacaba yo. Sin enseñarme ningún paso de baile, fue él el que me enseño. Lo primero que aprendí fue la zambra. Cantaba y bailaba. Luego empecé a bailar por soleares, la farruca. Y luego fue cuando mi padre me hizo poner los pantalones y bailar por alegrías. Los pantalones no perdonan: se ven todos los defectos del mundo y no tienes dónde agarrarte.”
Su tía, Juana, La Faraona, de belleza racial y notable bailaora, fue también compañera en los inicios en el baile de Carmen. De su familia, de su barrio y de su ciudad, Carmen, lo aprendió todo, en el cante y el baile. Como buena gitana, no asistió a clase de baile alguna, ¡perdón asistió a una!, pero no la acabó:
“Mi padre quería que bailará a orquesta. Fueron los días más amargos de mi vida y los berrinches más grandes. Al final fui a una academia en la calle Nueva (Nou de la rambla). El profesor se llamaba Vicente Reyes. Yo entonces estaba enamorada de una música “Los claveles”, del maestro Serrano. Me la puso, el hombre, y empezó a enseñarme los pasos. A los cinco minutos ya estaba desesperada. Así que le dije: “mire usted maestrito, no le importaría en vez de hacerlo así, lo hiciéramos así”. Me echo. Esa es la única experiencia que he tenido con un maestro.”
Otra de las personas que marco su carrera artística, fue su relación con el guitarrista gitano, Agustín Castellón, de origen navarro: Sabicas. Uno de los maestros universales del toque flamenco. En una de sus estancias en Barcelona, descubre a esa niña, una joya en estado puro que no necesitaba, ni pulirse, era espectacular. La conoció en Cal Manquet:
“El ambiente flamenco era muy intenso. Me quedé completamente asombrado por lo que podía hacer, sus manos, sus pies, se nos metió a todos en el bolsillo. La vi bailar y me pareció algo verdaderamente sobrenatural, nunca había visto a nadie bailar como ella.”
Sabicas ayudó a El Chino, para que llevase a Carmen, a Madrid y la viesen bailar. Este es el testimonio de la primera noche de la niña, en el Villa Rosa madrileño. Sabicas la presenta en una reunión flamenca:
“Aquí tenéis a una gitanilla catalana que lo hace muy bien y que sabe bailar lo que vosotros quisierais saber. En la reunión se encuentra un cantaor viejo: El Peluco, que, riéndose a carcajadas comenta: “¡Catalana seguro que es un petardo!”. Carmen, se levanta, se planta ante el cantaor mirándole desafiante y rompe a bailar, su baile está lleno de rabia y enteramente poseído por el genio del duende. Carmen baila para él y sólo para él, lo rodea, lo acosa, lo enloquece… El Peluco, no puede aguantar más, y traspuesto, grita: ¡Y yo la había llamado petardo! ¡Eso es bailar niña! La noticia se propaga por todo Madrid, ya todo el mundo la respetará.”
Años más tarde, marcaron juntos hitos en la historia del Flamenco, especialmente en el periplo americano de Carmen Amaya. Quedan registrados documentos de películas y grabaciones de esos dos monstruos juntos, para la posteridad. Se les atribuye: la creación del baile por tarantos, actuaciones memorables –imaginen Carmen Amaya, al baile y Sabicas, a la guitarra- y de amoríos.
Cautiva a todo el mundo que la ve bailar, su carisma y fuerza, no deja indiferente a nadie. Ya desde pequeña recibe el sobrenombre de “La Capitana”, no la pararía nadie, conquistando los escenarios de Barcelona, París, y de toda España, siendo aún una mocita.
Los primeros escenarios que frecuenta serán los de su cercanía, pero pronto se sumergirá en la noche barcelonesa, recorriendo, desde el Somorrostro al Paralelo, todo local que necesitase artistas flamencos. Pero el barrio chino, fue su otra escuela vital, allí, desde niña se codeó con la flor y nata artística, flamenca, y de otras índoles, que frecuentaba las noches de Barcelona; y allí, en la Taurina, la inmortalizó, el crítico Sebastián Gasch:
“Apenas levanta un metro del suelo. Sentada en una silla sobre el tablao, La Capitana permanecía impasible y estatuaria, altiva y noble, con indecible nobleza racial, hermética, inatenta a todo lo que sucedía a su alrededor. De pronto, un brinco. Y la gitanilla bailaba. Lo indescriptible. Alma. Alma pura. El sentimiento hecho carne. El tablao vibraba con inaudita brutalidad e increíble precisión.”
Carmen, nos dejó testimonio de estos inicios profesionales:
“Trabajaba en casa El Manquet, había un gran cuadro de baile: Micaela, El Gato, El Farruquero, Tobalo, Lolilla la Cabezona, mi tía la Faraona, El Bulerías y mi padre. El Gato era físicamente extraordinario. No ha habido una mujer con una cintura como ésa. No ha habido hombre como él. El Farruquero era el mejor que ha habido de todos los tiempos.”
“Cuando no estaba la policía, me dejaban bailar en el Villa Rosa, figúrate era una niña. Todo el mundo me daba dinero en cantidad. Llegó un momento en que Miguel Borrull, que era el dueño del Café, como vio que me llevaba todo el dinero de las juergas, nos gritaba al vernos llegar: “Vete, vete, Chino, que esta la policía.” Era mentira. Pero nos teníamos que ir después de haber estado esperando, muchas noches con todo el frio del mundo.”
Da el salto a los grandes escenarios, en el Teatro Español barcelonés, con la compañía, del cantaor jerezano José Cepero. Viaja a París, en el espectáculo de la cupletista de moda: Raquel Meller, acompañada de su tía: la Faraona y su prima: María, con las que había formado el Trio Amaya.
Su fama crece día a día, se incorpora a la compañía del cantaor de moda, Manuel Vallejo, con el que se presenta al público andaluz, que se le rinde entregado. En Sevilla, La Malena y La Macarrona, se entusiasman con el baile de ese prodigio de su misma raza: ¡Es única!, gritan poseídas, al verla actuar.
“Mi verdadero triunfo fue al llegar a Madrid, en una homenaje a la bailaora gitana: Custodia Romero. Y le dijeron a Custodia: “traemos una gitanilla para que baile. Ella contestó: que bien, ponla donde quieras, no importa.” Y entonces, figúrate que salgo a bailar mi fandanguillo, y todo el mundo de pie. Me hacen repetir por solea, por alegrías. Qué no armaría, que salió la homenajeada a verme, enfadadísima gritaba: “Me habías podido avisar que esa niña bailaba así”, ella tenía que bailar detrás de mí, con la que había formado”
Su éxito en el cante y baile, vendrá acompañado de su paso a la gran pantalla. Ya había hecho algún escarceó, en papeles secundarios, en alguna película. Pero su salto definitivo a la gran pantalla, será con las películas: “La hija de Juan Simón”, donde Luis Buñuel la incluyó en el reparto y “María de la O”, película basada en la copla del mismo nombre, compuesta por Valverde, León y Quiroga; dicha película contó con un éxito sin precedentes de taquilla, poniendo a Carmen Amaya en boca de todo el mundo.
La guerra civil la cogió de gira, por Valladolid. Decide salir del país rumbo a Portugal, donde espera al resto de su familia, para una vez juntos lanzarse a la aventura de cruzar el Atlántico, desde Lisboa.
Desembarca del buque Monte Pascoal, el 09 de diciembre de 1936, en la capital Argentina. El día 12, tres días después, se presenta en el Teatro Maravillas, de Buenos Aires, donde permaneció en cartel durante más de un año seguido, con llenos sin precedentes, noche tras noche. El éxito, le lleva a conquistar el resto de ciudades argentinas. Lo mismo acabo pasando, con el resto de países latinoamericanos, y la misma reacción del público, arrasa. De ello, se hacen eco, en todos los principales medio de prensa de las ciudades por las que pasa, a la vez que participa en películas y actos oficiales. ¿Es Carmen Amaya, quizás, la primera estrella Latina del mundo del espectáculo?
Sólo le faltaba Estados Unidos. Reclamada por el empresario Samuel Hurok, desembarca en Ellis Island, puerta de entrada a Nueva York, Carmen y su séquito de 25 personas, en 1941. No saben leer ni escribir, ni por supuesto una palabra de inglés, pero se ríen de la luna, como es su costumbre: tienen contratos, y mucho dinero, y más tendrán tras su estancia de un mes en el Cabaret Beach Comber, de Broadway, y esas tres actuaciones en televisión por las que van a pagarles 15.000 dólares.
Se presenta ese mismo año en el Carnegie Hall, acompañada de la guitarra de Sabicas, el bailaor Antonio Triana y toda su familia. Testigos fueron las bailaoras, La Argentinita y su hermana Pilar López, está última lo recordó así: “Para mi Carmen Amaya fue y será única. Era una manera de bailar ejemplar y totalmente inédita.”
El presidente Roosevelt, tras la actuación histórica en el Carnegie Hall, el 13 de enero de 1942, la invita a bailar en la Casa Blanca. Esta será la primera vez que Carmen y su gente, subían a un avión, el vuelo era de Nueva York a Washington, pueden ustedes imaginar los momentos que se vivieron a bordo de ese avión. Roosevelt, se queda prendado y le regala un bolero con incrustaciones de oro y brillantes, ella lo recortará en 30 trocitos, uno para cada miembro de su compañía.
En sus primeras actuaciones en Nueva York, se podían ver en las primeras filas, la plana mayor del arte, estas fueron sus reacciones:
Charles Chaplin: “¿Me pregunta porque me gusta tanto el baile de Carmen Amaya? ¡Vaya usted a verla! Es un volcán alumbrado por soberbios resplandores de música española”
Greta Garbo: “Carmen Amaya es el arte”
Fred Astaire: “Mucho que ver, mucho que admirar, pero mucho más que aprender”
Arturo Toscanini: “Nunca en mi vida he visto una bailarina con tanto fuego y ritmo, y con una personalidad tan maravillosa”
Orson Welles: “Es la más artista de las bailarinas y la más genial de las artistas”
Orson Welles, el mismo día la contrata para el rodaje de su próxima película, le pagará tres veces más por un baile que a la protagonista del film, Marlene Dietrich. A la conquista de Hollywood, los mejores directores del momento quieren incluirla en sus películas.
Gira con su compañía por los mejores escenarios estadounidenses, la guinda será llenar el Hollywood Bowl, de Los Angeles, dos noches seguidas, Frank Sinatra con una tenía bastante.
En América dejó, también, grabadas varias obras discográficas, mayoritariamente con la guitarra de Sabicas, en las cuales deja testimonio de que también fue, una gran cantaora.
En 1946, muere El Chino, en Buenos Aires. Carmen pierde a un padre, pero también pierde a esa persona que le transmitió todo lo que sabía y estuvo con ella desde el inicio de su carrera artística. Ya nada sería igual, la familia empieza a desmembrarse.
No volvió a Barcelona hasta 1947, y la reconquista, así como al resto del país, Europa y el mundo. Se rodeó de reyes y maleantes, artistas, de todos los ámbitos, de su familia, que siempre estuvo a su lado, siempre con una autenticidad natural, que nunca perdió. Defensora a ultranza de su pan con tomate, de su Barcelona, que siempre llevo como bandera. Aportó un grano muy grande en la historia de la Rumba catalana, por todos los países latinos que pasó, adoptó los temas que le gustaban en clave de rumba, como ha dejado testimonios grabados. No se atrevió con la música sajona, porque nunca quiso aprender inglés, aprendió a firmar en Cuba, sólo para poder entrar a U.S.A., la vida se lo enseñó todo. Fue la promotora de hacer los fines de fiesta de un espectáculo, por Rumba, lo que se puso de moda en la mayoría de espectáculos flamencos de la época.
Aquí tiene su fuente. Carmen Amaya estaba muy ilusionada con la fuente que le dedicaba Barcelona, en su barrio natal del Somorrostro. Por eso no dudó, en 1959, en incumplir su contrato en París, pagar la multa pertinente, y trasladarse con toda su compañía a su ciudad para asistir a la inauguración.
Aquí se casó, en las ramblas, con el guitarrista de su compañía, José Agüero, en la capilla de Santa Mónica, en 1952.
Y, aquí, rodó su obra póstuma, la película: Los Tarantos, del director Rovira Beleta. En la película, tiene un papel sublime, demostró lo gitana que era, sus dotes de actriz carismática, dejando, para la posteridad escenas de cante y baile magistrales. La película se rodó en escenarios cotidianos de la ciudad, en 1962: el Somorrostro, el barrio chino, el Mercat del Born, Montjuic, Plaza España, Las Ramblas, rincones que Carmen conocía muy bien. Contó el reparto con artistas como El Chocolate, La Singla, Antonio Gades, Peret, Sara Lezana, El Chacho, Andrés Batista, Pucherete y unos cuantos gitanos barceloneses, que participaron como extras o en papeles secundarios.
Durante esos años, Carmen Amaya sigue una dieta suicida de cuatro paquetes de Marlboro, acompañados de 14 cafés diarios. Cuando vuelve a Barcelona, para rodar los Tarantos, tras recorrer medio mundo, tiene los riñones destrozados. Todos los médicos le aconsejan reposo absoluto. La reina contesta: “Si no bailo, me muero”. Una grave insuficiencia renal le impedía eliminar las toxinas que acabarían por envenenar todo su organismo, pero el baile, a la vez que agotaba su cuerpo, le hacía eliminarlas a través del sudor. Cuando el baile la abandonase, quedaría en poder de la enfermedad.
Aún realizará una última actuación benéfica, casi espectral, el 24 de agosto, en Bagur. En otoño comienza a extenderse la noticia de su agonía, cientos de gitanos de medio mundo llegan en peregrinación y acampan alrededor de su masía para acompañarla en su último viaje, acompañados de periodistas de todo el mundo.
Nunca llegó a ver la película montada. Moría en 1963, a orillas de su mar, otra vez, el Mediterráneo, en el pueblo de Begur, un 19 de noviembre. Esa noche Antonio Gades, recorrió todos los locales flamencos de Barcelona, con la trágica noticia, esa noche la Barcelona flamenca, se apagó, había perdido una estrella que los iluminaba.
El mundo Flamenco y su Barcelona la tienen presente.
FLAMENCO TRAS LA GUERRA CIVIL
La ciudad a pesar de pasar por malos momentos en la posguerra, siempre mantuvo su oferta flamenca, aunque ya nada fue lo mismo. Uno de los encargados de mantener esta vida, fueron los escapados de la segunda guerra mundial y las tropas americanas, que visitaban la ciudad buscando un rato de diversión. Con ellos llegaron también las músicas americanas, de moda, que se reproducían en los locales en que alternaban, siendo fuente de inspiración para los músicos locales. Entre los marineros, el Flamenco, fue un atractivo de primera índole, frecuentaron con asiduidad los locales de ambiente flamenco, en busca de fiesta y diversión. No será hasta finalizada la segunda guerra mundial, que la ciudad empezará un lento repunte económico y la llegada paulatina de emigración del resto del estado.
Flamenco Jazz
El HOT CLUB de Barcelona, fue un club pionero del Jazz en Europa, fundado en el año 1935, con las actuaciones del guitarrista gitano: Django Reinhardt, padre del Jazz Manouche; volvió a recuperar su programación una vez pasada la guerra civil.
En 1955, Lionel Hampton, actuó con su banda, donde conoce al pianista Tete Montoliu. Después de una juerga de 48 horas en un tablao flamenco, Lionel Hampton, concibe la idea de reunir el flamenco con el jazz. Hampton capta rápidamente la semejanza en cuanto a ritmo, color, sentimiento y emoción que tienen estas dos clases de música. Así surgió la primera obra grabada bajo el título: “Jazz Flamenco”, con la colaboración de Tete Montoliu.
Barcelona ha seguido cultivando el Jazz, dando músicos que han colaborado en proyectos flamencos de repercusión, como Carles Benavent, Jordi Bonell, Amargos o Raynald Colom.
Rumba Catalana:
Los gitanos catalanes, asentados en los barrios: de Gracia, calle de la Cera y Plaza España, son los únicos que mantuvieron el catalán, después de la guerra, como seña de identidad. Familias que extienden su árbol genealógico por el resto de capitales catalanas, y pueblos como: Mataró, Figueres, Vilanova o Perpignan y diferentes pueblos de Francia, donde a la lengua catalana, la conocen como: hablar gitano.
Ellos fueron, los protagonistas de la Rumba, convirtiéndola en su banda sonora familiar, la dotaron de una clara proyección internacional y un espectacular éxito de ventas, en los años sesenta y setenta.
Fruto de los viajes de miembros de estas familias a América, movidos por la crisis de la posguerra, surgirá el último cante de ida y vuelta, en el Flamenco: la Rumba Catalana. Sonidos, particularmente, caribeños fueron reinterpretados en clave flamenca: guitarras, palmas y bongo, de la mano de los gitanos catalanes, con un gran boom comercial.
En el flamenco, se consideran cantes de ida y vuelta, a las músicas surgidas de la relación de este, con los nuevos géneros surgidos en torno a las músicas criollas. Mucha gente atribuye la influencia africana, que sin duda tiene toda su magnitud y relevancia, al contacto de artistas flamencos con la música afro en las Antillas; no hemos de olvidar, que en la península había comunidades africanas antes de constituirse el orden americano, con lo cual la influencia afro en nuestras músicas data de muy antiguo. Fueron comunidades afro españolas las primeras en asentarse en puertos como: Cartagena de Indias, Habana o Port of Spain. Conocidos como negros curros, en las Antillas, llegaron con sus cantes, guitarras y guasería, construyendo el imaginario de gran parte, de lo que son hoy las tradiciones afro latinas. No debemos de olvidar, tampoco, que la presencia de población gitana en ultramar, es constante desde los primeros viajes a América. Durante la época de represión a el pueblo gitano, dictado por los gobernantes en determinadas etapas de nuestra historia, uno de los castigos fue el de: Galeras, remarse todo el atlántico en los barcos estatales y si llegabas vivo, conseguir la libertad, pocos quisieron volver. De ahí vienen los cantes de Galeras, que popularizó el Lebrijano. Como vemos en el origen de la mayoría de las músicas criollas ya había un neto componente gitano e ibérico.
ANTONIO GONZALEZ: EL PESCADILLA
Uno de los personajes claves para entender este género fue Antonio González Batista (Barcelona, 1926 - Madrid, 1999). Conocido artísticamente como EL PESCADILLA y entre sus familiares, en su barrio de Gracia, como L´Onclu Aito.
Recoge el nombre artístico de su padre, que también era conocido como El Pescadilla, guitarrista flamenco, criado en la Barceloneta, donde alternaba el trabajo de la venta de pescado con el flamenco. Se casó en 1920, con Antonia Batista, vecina de la calle Fraternidad, fijando su residencia en el barrio de Gracia, donde nacieron sus seis hijos: Manuel, Baldomero (Onclu Mero), Antonio (El Pescadilla), Juan (Onclu Polla) y Josefa.
Desde pequeño Antonio, desarrolla una facilidad innata y un virtuosismo, como guitarrista. Siendo aún un niño, solía buscarse la vida con su padre y hermanos, en fiestas o locales flamencos del centro de la ciudad, donde va desarrollándose como guitarrista flamenco. La bodega, de la calle Escudellers, conocida como El Charco de la Pava, ambientada con motivos taurinos, programaba actuaciones de flamenco. Fue uno de los locales donde El Pescadilla y su familia protagonizaron muchas de esas noches y uno de los marcos donde se empezó a mostrar la rumba al público. Estaba situado en una calle, que en esos momentos, finales de los cuarenta y años cincuenta, bullía en actividad flamenca, compaginada con locales donde sonaban las músicas que llegaban de América, en particular, las latinas. Dichos locales contaban con un público con dólares y ansioso de oír estos temas, en versión flamenca: las tropas americanas y los primeros turistas.
Empezaron a soplar con fuerza los aires antillanos sobre las guitarras, acompañados de la base rítmica de las palmas flamencas y el baile gitano, cadera y desplantes. La guitarra, tendrá que asumir toda la música que hacía una orquesta latina, para cual se recurrió, a lo que se llamó: El Ventilador.
“Ese truco tan ingenioso
y de fácil ejecución
que junta en la guitarra
la armonía y la percusión”.
Años más tarde, la reina de lo que se llamó: Salsa, Celia Cruz, declaraba: “El Pescadilla, con su guitarra, es capaz de interpretar todo lo que hace una orquesta cubana”.
Los hermanos González, formaron grupos musicales como Brisas o Los Ponchos, donde ejecutaban repertorio latinoamericano, en clave flamenca. La Rumba se estaba cocinando.
El Pescadilla, siguió cultivándose con la guitarra y será reclamado por los principales cantaores del panorama flamenco, trabajando por toda España. Dejó testimonio grabado en un disco, donde se aprecian sus excelentes dotes como guitarrista flamenco. Acompaña y graba, con Rafael Farina, cantaor de moda. Pronto, Manolo Caracol lo llama para formar parte de su compañía, actuando por toda España. Manolo Caracol, en esos momentos gozaba de total popularidad, formando pareja de renombre con Lola Flores, en sus espectáculos de Zambra. Este será un momento clave en la historia del Flamenco, Lola Flores, descubre un aire nuevo, una música nueva y a un galán, El Pescadilla. Lola Flores, se lo guardó en el corazón y nunca lo olvidaría.
Antonio se casó en Barcelona, por el rito gitano con la bailaora Dolores Amaya Moreno, prima de Carmen Amaya y La Chunga, de la que tuvo una hija, Antonia (Toñi), en 1955. Su hija Toñi vive en Madrid, es bailaora flamenca.
Lola Flores, viaja a Cuba. Aún hoy son sonadas en La Habana, las fiestas que se montaron en torno a su visita. Lola conoce en primera persona la música de Cuba, de la mano de los mejores artistas caribeños, que la admiran y la veneran. Ese tropicalismo, le recordó a Barcelona, a la música del Pescadilla, ya no paró hasta casarse con él, y juntos dar un cambio a su carrera artística.
En 1957, contraen matrimonio El Pescadilla y Lola Flores, lejos de Barcelona, para que la familia de la mujer, que dejó en Gracia, no estropease la fiesta. Fruto del matrimonio, nacieron sus hijos: Lolita, Antonio y Rosario.
El Pescadilla, fue capaz de recoger, en su escasa obra grabada, para el sello Belter, joyas de la música brasileña, norteamericana o caribeña: "Sarandonga", "Cada vez que tú me miras", "Levántate", "Strangers In The Night", "A garota de Ipanema" o "Sabor a mí"; darles una visión personal y moderna, con un claro componente flamenco. Fue uno de los precursores de un sonido urbano, que su esposa Lola Flores adoptó a su repertorio, creando una de las parejas más explosivas de la escena de finales de los años 50 y 60. Trabajaron juntos en giras por España y América, y participaron en películas, con gran éxito comercial. Antonio, ante el poderío y popularidad de doña Lola Flores, dice la gente, quedó eclipsado; cosa que Lola y todos los que lo conocieron, no tenían tan claro, el artista de la casa era: El Pescadilla.
Tras su matrimonio, establecieron residencia en Madrid, donde Antonio regento un tablao: El Caripen, cuna del flamenco más auténtico. Era un artista de artistas, todo el mundo se quedaba prendado con su personalidad, la plana mayor del flamenco admiraba su cante y lo buscaban, era un rayo de luz en el Madrid flamenco de los años 60. Fue, también, fuente de inspiración, en los más jóvenes de las dinastías flamencas, como los Sordera o Habichuela, instaladas en la capital, que años más tarde formarán los grupos de fusión: Ketama o la Barbería del Sur. Antonio Flores, hijo del matrimonio, fue uno de los líderes de este nuevo movimiento, recogiendo el testigo de su padre, desarrollo un estilo musical personal e inconfundible. Lolita y Rosario, son dos artistas sobresalientes de la escena musical actual.
El Pescadilla, murió de pena, tras la muerte de su mujer y de su hijo, Antonio, en 1999.
PERET
Peret, llevó la Rumba a sus momentos más comerciales, tuvo un talento particular a la hora de crear sus temas, gozando de una gran popularidad. Pedro Pubill Calaf, nació en Mataró, el 26 de marzo de 1935, trasladándose años más tarde al barri del portal barcelonés. Tuvo unos inicios artísticos como guitarrista flamenco, antes de desarrollar su carrera como rumbero. Entre sus temas más destacados: La noche del Hawaino, Una lágrima, Es preferible, Saboreando, Borriquito, hay una larga lista de hits comerciales. Trabajó también en muchas películas, destacando su participación en la película Los Tarantos, cantándole un garrotín a Carmen Amaya y La Singla, en lo que sería su primera participación cinematográfica. Participó en muchos programas de televisión y fue el primer gitano en representarnos en Eurovisión, con el tema: Canta y se feliz. Otro de los momentos importantes en su carrera, después de su retiro evangélico, consistió en poner a bailar a todo el mundo, en la clausura de los Juegos Olímpicos del 92, cantándole a esa gitana hechicera, su rumba: “Barcelona tiene poder”.
Murió el 27 de agosto de 2014, defendiendo, hasta que el cuerpo le aguantó, su reinado en la rumba. Nunca le gustó que la denominasen rumbeta, igual que a los flamencos no les gusta el diminutivo, flamenquito, ¡sobran las palabras! Como nos dejó cantado, que nadie le mande flores, que le lleven hierba buena que alegra los corazones.
EL CHACHO
José María Valentí, nacido en 1940, creció en un ambiente propicio para el arte: la calle de la Cera y alrededores, donde vivían muchos cantantes y artistas, cerca del Paralelo, con sus salas de fiestas y sus teatros. Desde muy pequeño mostró predisposición para la música, su madre, le matriculó en la escuela de música del Liceo a los diez años, formándose como pianista.
Destacó en la rumba por acompañarse al piano, lo que marcaba no sólo su estilo sino también su imagen, marcada por su galantería. En sus inicios tocaba el piano en las bodas y fiestas familiares en locales emblemáticos, como la sala Apolo o La Paloma.
En sus inicios artísticos coincidió con Peret acompañando a La Camboria, Peret a la guitarra y Chacho cantando. La fama le llegaría en 1965 grabando para la discográfica Emi-Regal. Graba discos entre 1965 a 1977, pero sigue actuando en directo hasta 1994, fecha en la que decide retirarse. Volverá a actuar en 2008, pero sin la repercusión que se merecía.
LOS AMAYA
Dúo formado por los hermanos Pepe, La Coruña, 1952, y Delfín Amaya, Oviedo, 1954, a finales de la década de 1960 en Barcelona.
Familia de la bailaora Carmen Amaya, desde niños tocaban la guitarra y cantaban en las fiestas gitanas. Sus primeros pasos en el mundo del espectáculo los dieron de la mano del guitarrista de Carmen Amaya, Andrés Batista. En 1969 debutaron discográficamente con temas como: El bueno, el feo y el malo; Zapatero remendón; Pena, tristeza y dolor o Bailadores.
Saltan a la fama en 1971, con el tema de gran éxito: Caramelos. En 1978 bajo la producción de Tony Ronald, desarrollan su carrera adaptándose más a los medios tiempos y las baladas, hasta grabar su tema más comercial: Vete. Ya no pudieron mantener esa genialidad mucho más, siguieron grabando y actuando, pero sin la calidad ni la repercusión de que habían gozado. Cabe destacar su actuación en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, junto a Peret.
OTROS ARTISTAS DE RUMBA CATALANA
Luego llegaron Moncho, El Noi, La Terremoto, Ramonet, Chango, Salsa Gitana, Estrellas de Gracia, Sisqueto, Chipen, Papawa, Sabor de Gracia, Pedrito y Kiki, Som com som, Arrels de Gracia, La Yumiband, Los Sobrinos o Rambo y su Timba . Actualmente la Rumba sigue enraizada en estas comunidades, gozando de popularidad y con nuevas generaciones de artistas rumberos.
No hay que olvidar, el trabajo desempeñado por Gato Pérez, en la revalorización del género, en un momento que esta hay quedado en el olvido. Músico de origen argentino, llegó adolescente a la ciudad, donde descubre que la Rumba es un sonido urbano y genuino de Barcelona.
La rumba que coneixem
no és de la Xina ni del Japó.
La nostra rumba de Barcelona
viu marejada de voltar el món.
La rumba neix al carrer
filla de Cuba i d'un gitanet
i sa germana que és l'havanera
és gronxadeta entre mariners
(Gato Pérez, Rumba de Barcelona)
Las Peñas flamencas
La masiva inmigración andaluza, en las décadas centrales del siglo XX, dio origen y sentido a las peñas en la Cataluña urbana, en particular Barcelona, que desde el siglo XIX fue, y sigue siendo, una de los principales centros en la creación y difusión del flamenco.
Las peñas como centros de solidaridades propias de los medios populares, vinculadas en la transición con los movimientos vecinales y sindicales, y escenario de “nostalgias” propicias, también, a la ideologización y a la intervención política institucional.
Las peñas como motivo de la llamada “integración” y, al mismo tiempo, objeto de la marginación o la ocultación, mediática e institucional, salvo cuando la emergencia de jóvenes artistas podía hacer soñar con la “catalanización” del flamenco.
El boom de las peñas empezó tras la aprobación de la Ley de Asociaciones no Políticas de 1964. Como fruto de las mejoras económicas de los años sesenta, trabajadores de toda la península llegan a Barcelona, serán tiempos de recuperación de la escena flamenca en la ciudad. El centro de la ciudad perderá su hegemonía, para surgir un flamenco más ligado a las periferias de la ciudad, surgen nuevos barrios: St Roc, La Mina, Nou Barris, Hospitalet…., y desaparecen otros como el Somorrostro o Can Valero; el Barrio Chino, entrará en notable decadencia. Las necesidades de estos barrios por el flamenco, hace surgir un nuevo escenario: las Peñas flamencas, por donde pasaron lo mejor de la escena local. Contribuyeron a difundir y crear cantera, particularmente de cantaores, en la ciudad. Muchas adoptaban nombres de los cantaores destacados de la época, como la de Antonio Mairena, inaugurada en 1968, en el barrio de la Florida, Hospitalet y que sigue actualmente su excelente misión. Los cantaores, más notables, hijos de esta etapa de las peñas, serán Juan de la Vara, Chiqui de la Línea, Duquende, Blas Córdoba, Mayte Martin o Miguel Poveda.
LOS TABLAOS
Desde los años 60, los Tablaos Flamencos forman parte de la tradición del flamenco más importante de nuestro país, sustituyendo los hasta entonces llamados Cafés Cantantes. Son lugares de ambiente íntimo y acogedor, donde el duende del Flamenco es el único protagonista. Son los llamados “templos flamencos”, es el lugar, donde, lo que es una fiesta flamenca, se trasporta a un escenario; la inspiración y la capacidad de transmitir de los artistas es la única premisa. Una magia telúrica, el duende, es el único objetivo, para poder trasmitir al espectador, esa verdad antropológica que tiene el Flamenco. En los Tablaos, ha sido el espacio donde, fuera del ámbito familiar, se ha seguido transmitiendo el Flamenco, de una forma pura, sin micrófonos, ni grandes escenarios, donde la cercanía con el espectador, le hace sentir dentro de esa ceremonia. Ha servido, para que los artistas, pueden irse trasmitiendo unos a otros, ese legado que sigue vivo, convirtiéndose en la única escuela flamenca, fuera del ámbito familiar.
Bailaoras en la Barcelona de los 60/70
Esta será la época de coger el testigo dejado por Carmen Amaya en el baile, destacando las bailaoras: La Singla, La Chunga o La Chana.
LA SINGLA
Antonia Singla Contreras: La Singla, es una bailaora gitana nacida, en 1948, en el barrio del Somorrostro, de Barcelona. Sus abuelos eran gitanos franceses del Rosellón y Perpiñán. A los pocos días de su nacimiento, a raíz de una meningitis, la niña quedó sordomuda. Su madre, Rosa, a cargo también de sus otros 17 hijos, decidió luchar por su hija y tras llevarla a infinidad de consultas médicas, a los 8 años empieza a hablar, pero con mucha dificultad, para la sorpresa de los vecinos del Somorrostro, quienes la conocían por el mote de: “la múa”. Antoñita, captaba las notas de la guitarra mediante las vibraciones y las palabras mediante la lectura de labios. Lo cierto es que, La Singla, comenzó a bailar al ver a su madre tocar las palmas, asimilando así el compás y transformándolo en un baile especialmente llamativo y cargado de sentimientos.
La Singla comenzó, a la temprana edad de 12 años, a bailar en algunas tabernas de Barcelona. En 1960 lanzó su carrera profesional a lo más alto al participar en el proyecto: Festival Flamenco Gitano, en el cual también participaron personalidades como Paco de Lucía o Camarón, girando por Europa y América.
En 1963 participó como actriz y bailaora en la película Los Tarantos, en el personaje de ‘Sole’, donde conoce a Carmen Amaya, con quien se la comparaba como su sucesora.
Otro de los hitos importantes en la carrera de La Singla fue su contrato, en Los Califas, un club flamenco de Madrid, durante 1965. Contaba con la bendición de Salvador Dalí y con el apoyo de Vicente Escudero que decía que era la imagen de la genial Carmen Amaya.
Aunque su carrera profesional fue corta, es innegable el hecho de que, sin duda, fue impresionante teniendo en cuenta sus orígenes y su condición.
LA CHUNGA
Micaela Flores Amaya, nace en Marsella en 1938, era familia de la bailaora Carmen Amaya. Con un año, se instala en Barcelona y con solo seis años baila descalza en los bares, donde la descubre el pintor: Paco Rebés; quien encauzó su trayectoria artística y la presentó en el Cabaret El Emporium, convirtiéndose en figura atrayente para un grupo de intelectuales catalanes. El nombre de, La Chunga, empieza a aparecer en todos los diarios catalanes secundada por varios intelectuales de la época.
En 1953, la artista da un salto a la capital, donde los primeros tablaos están en su momento de esplendor, actuando en El Corral de la Morería y de allí a EEUU. Actuó en Las Vegas y en diversos programas de televisión consiguiendo que los espectadores americanos: “caigan rendidos a sus pies descalzos”. En Madrid conoce a la actriz americana de moda, en la noche madrileña: Ava Gardner, gracias a ella interviene en dos películas en Hollywood.
Durante los sesenta, recorre la Costa Brava, actuando en diferentes locales flamencos de la zona. En Los Claveles, de Calella, trabajó para la nueva fiebre veraniega: los turistas, con el rumbero Peret.
La Chunga, se convirtió en inspiración de escritores: Blas de Otero, Rafael Alberti, José Manuel Caballero Bonald o León Felipe. De pintores como: Picasso, Dalí o Paco Rebés, este la conoció de niña catapultándola como figura atrayente de intelectuales. Fue él quien la animó a pintar y expuso sus obras de estilo naíf en ciudades como París o Madrid. El poderío que La Chunga transmite con su baile, cautiva al pintor Salvador Dalí, proponiéndole una obra peculiar. Sobre un lienzo en el suelo, sobre el que dispone diferentes pinturas, La Chunga baila descalza extendiendo el color y creando así un nuevo arte, la pintura con los pies.
Estuvo contratada en la inauguración del Tablao El Cordobés, barcelonés, a inicios de los años 70. Participó en numerosas giras recorriendo el mundo e intervenido en varias películas como: La cogida y la muerte. Contrajo matrimonio con el director de cine José Luis Gonzalvo, con quien tuvo tres hijos, Curro, Luis y Pilar.
LA CHANA
Bailaora autodidacta, Antonia Santiago Amador, nació en el Hospital Clínico de Barcelona, el 24 de diciembre de 1946 y se crio, en la calle Juventud, en Hospitalet. Fue una niña de la posguerra, y de su mente nunca se ha ido el sabor de:
“las rebanadas de pan y vino negro con azúcar que me daba mi abuela para quitarnos el hambre mientras venía mi madre”. Con muy pocos años sentía que algo corría por sus venas, descubrió que el flamenco era su alma y su vida. Ella sola, con una radio, escuchaba y memorizaba el ritmo, los compases, y se ponía a bailar.
“En aquel tiempo se vivía mal, y la gente tenía sueños, el mío era bailar”
Los comienzos no fueron fáciles. Su padre no quería dejar que una mujer saliera de casa para bailar “porque decía que las mujeres artistas eran malas”. Su tío El Chano, guitarrista, fue el que la ayudó en sus inicios artísticos, sin el consentimiento familiar.
En 1961, empezó a bailar en salas de fiestas de la Costa Brava. Su forma de bailar era, desde el comienzo, improvisada, sus únicas armas eran su velocidad de pies y su capacidad de reacción. Ella no ensayaba nunca, sólo entrenaba velocidad y fuerza para que en el momento de salir al escenario su cuerpo obedeciera a su mente, el dominio del compás era absoluto.
Fue madre a los 18 años, con el primer hombre que dijo amarla, al principio todo parecía de color de rosa, hasta que llegó la ira, las palizas y los celos. Ya sólo sería feliz bailando, hasta que dejó a su marido.
En Los Tarantos, de plaza real, donde estaba contratada, la descubre el actor británico: Peter Sellers, que cerrará la sala para grabarla e incluirla en la película: The Bobo, de Robert Parrisch, en 1967. El actor le propone desarrollar su carrera artística en Hollywood, lo que no contaría con el consentimiento familiar.
En 1968, Manolo Caracol, regentaba su tablao Los Canasteros, en Madrid. Caracol se mostraba reacio a contratarla por ser rubia y de Barcelona, dijo, textualmente: “¡No hombre, no, de Barcelona y rubia, no!”; después de verla bailar la contrató inmediatamente y pronunció un “¡Viva Cataluña!”. En esos años actúa por toda Europa y Australia, donde obtuvo el primer Premio del Certamen Internacional de Danza de Perth.
En los años setenta y con el auge de la televisión, consigue su momento de máxima popularidad. José María Íñigo la presenta en su programa de máxima audiencia: Esta noche fiesta, lo que le da un reconocimiento nacional. Estrenó el espectáculo "Flamenco 73" en el Teatro Arniches, actuará en el Florida Park y en el Music Hall Xairo, en su etapa madrileña. En 1978, en el momento más álgido de su carrera profesional, decide asegurar sus pies con la compañía Aseguradora Nacional Francesa.
Dejó de bailar completamente durante cinco, de nuevo su marido, esta vez le prohíbe seguir actuando. Con 39 años, regresó a los escenarios, con la compañía del bailaor Luisillo, empresarios y artistas la animaron a volver. Trabajó durante cuatro años para la Cumbre Flamenca dirigida por Paco Sánchez, al lado de Antonio Canales, Cristóbal Reyes, Juana Amaya, El Veneno y Los Losada. Realizó giras con gran éxito por todo el mundo.
Se casó en 1990, con Félix Comas, vecino de Premiá de Mar. Ese mismo año, actúa en el Joyce Theater de Nueva York, recibiendo muy buenas críticas de la prensa.
Con 45 años empieza su retirada de los escenarios, pero sigue actuando esporádicamente. Actuó en la decimoséptima edición el Festival de Flamenco de Ciutat Vella y en la Bienal de flamenco de Sevilla, del año 2016, participa como artista invitada en el espectáculo de la bailaora: Rocío Molina. La propia, Rocío Molina, dejo estas efusivas declaraciones:
“Hablaré ahora de mi Diosa ¡Mi inspiración…ella tiene su Dios por el que vive, baila y ama, pero ella no sabe que para mí, mi Diosa es ella, te adoro Chana! Y no sé explicarlo, pero yo quiero ser como tu baile. Gracias es poco, lo que te puedo decir, tanto yo, como el público y artistas que tuvimos el honor de verte, ¡nos dejaste locos de arte! Los flamencos no debemos olvidar a esta gran bailaora jamás en nuestras vidas. Chana, de mayor quiero ser como tu…”
La Chana todavía baila, ahora sentada en una silla. Una de las pocas cosas que aún la hacen disfrutar, sigue siendo el flamenco, pero como dice ella, “sólo el que es natural. El de gente como los Farruco o Antonio Canales”, a los que considera compañeros, una familia que la aprecian, como lo que fue: una de las mejores bailaoras de la historia.
El Nuevo Flamenco
“La leyenda del tiempo” primera grabación de Camarón, sin Paco de Lucía. Salió a la venta en 1979, siendo la primera obra de un cantaor, con un claro sentido renovador, donde se introducen instrumentos antes no habituales, como la batería, bajo, guitarras eléctricas, teclados o instrumentos de viento.
Unos años antes de este hito, surgió en torno a la sala Zeleste, barcelonesa, la Musica Laietana, donde se fusionaba: Jazz, Rock, con esencias mediterráneas, Salsa, Rumba o Flamenco. Marcarían una clara influencia en la música de fusión nacional, muchos de sus protagonistas formaron parte de trabajos de Camarón o Paco de Lucía, como es el caso de Carles Benavent o Joan Albert Amargós.
Pero Camarón de la Isla, no fue el único: Paco de Lucía, Enrique Morente, Agujetas o Lole Manuel, entre otros muchos empezaron a buscar nuevas sonoridades al universo flamenco, creando obras que abrieron el género a nuevos públicos, dotándolo de una mayor comercialidad.
Aunque la Leyenda del Tiempo, no fue un éxito comercial, si fue un revulsivo para las nuevas generaciones, que decidieron seguir estos derroteros. A partir de los años 80, gracias al trabajo de la discográfica Nuevos Medios, surge una nueva corriente: el Nuevo flamenco, donde: Pata Negra, Antonio Flores, Ketama, Miguel Poveda, La Barbería del Sur, Diego Carrasco, Mayte Martin, Jorge Pardo, Tomasito, Carles Benavent, Ray Heredia o Duquende, serán los embajadores de esta modernidad.
FLAMENCO BARCELONA: SIGLO XXI
Actualmente el flamenco en Barcelona, sigue gozando de plena vitalidad, con nuevas generaciones de artistas, con grandes condiciones tanto en el cante, el toque o el baile, conocedores fieles de la tradición. Los tiempos han cambiado, Barcelona se ha convertido, a raíz de los Juegos Olímpicos de 1992, en punto de atracción de turistas, que año tras año hacen que crezcan las estadísticas de visitantes.
Barcelona, sigue aportando un sello personal al panorama Flamenco, con perfiles diversos. Unos fieles a una tradición, a un fuego ancestral que mantiene vivo a este gran arte, particularmente entre las nuevas generaciones gitanas. Otros, que buscan en el Flamenco, su medio de expresión y lo llevan por caminos personales, sin ser esclavos de la tradición. BARCELONA sigue viva.















