Alegría Jota en New Orleans
Alegría Jota en New Orleans
“A una piedra de tu calle
le conté yo mi dolor
que de cosas le diría.
que la piedra se partió”.
Cádiz y Aragón representaron los dos extremos de la resistencia durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) frente a la invasión de Napoleón Bonaparte,
Cádiz se convirtió en el único bastión inexpugnable, donde llegaron combatientes del norte, en particular los baturros con sus jotas Estas se fundieron con las cantiñas gaditanas para entrar a formar parte del flamenco como alegrías.
“En Aragón, Agustina,
y en Cai, la Lola,
demostraron al mundo
ser españolas”
Todo esto forma parte de los inicios de este nuevo género flamenco. La rica diversidad de músicas y culturas en toda la península, así como el movimiento de sus gentes por el territorio han definido el Cante, Toque y Baile Flamenco.
Lo que ha provocado un tejido histórico y particular de “escuelas”: la Vida. Dos mundos: el día y la noche, el bien y el mal, el pecado y lo sagrado, cada una con sus momentos, la misma música pero con sentimientos diferentes.
Como pista para intentar ver estas influencias, otra vez del Norte, de lo que es Zaragoza y su contorno, unos años después de todo esto. Nos describe como eran esas dos vidas: LA FIESTA DE LA JOTA / LA JOTA DE LA FIESTA, Luis Morote en el siguiente artículo y cuyo nombre nos conecta con otro Moreau también Louís, con sus Jotas y Música española, este nacido en New Orleans, quizás sea el mismo el nacional no sé quién es.
Las dos escenas: la de la transmisión familiar y la de vino y noche, se ven muy bien reflejadas, son paralelas a las Escuelas Flamencas no reguladas:
Literalmente dice:
BATURROS DE LA REALIDAD Y EL ARTE:
LA FIESTA DE LA JOTA
“Hay amores de capricho
y hay amores de ilusiones...”
Una tarde, desde Zaragoza fuimos a Fuentes de Ebro, Mariano Gracia, Santiago Lapuente- gran guitarrista,-Romero Chacón, Florentino Menéndez-notable cantador-y un servidor de ustedes. Salimos de Zaragoza en el tren mixto de la tarde y llegamos á Fuentes de Ebro al anochecer.
Nos esperaban el alcalde, los concejales y varios mozos del pueblo con guitarras. Nos pusimos en camino y por el camino iban los mozos rasgueando, templando, preparando la fiesta, entonando de vez en cuando una copla á coro.
Ya estaba la sala capitular del Ayuntamiento llena. Se había corrido la voz y nadie del pueblo quería faltar al jolgorio. Nos asaron unas chuletas, pasó de boca en boca el porrón de vino, y se oyeron gritos, palmadas, bravos, todos los signos preparatorios de la gran solemnidad. Allí estaban, en las casas consistoriales, todas las hembras Juncales, de redondo aparejo. Allí estaban todos los mozos de Fuentes de Ebro con sus pañuelos a la cabeza y sus mantas. Allí estaba el maestro de escuela y la maestra de costura, dando asueto a niños y niñas persuadidos de que nada les habían de agradecer más sus alumnos que la enseñanza oral del himno patriótico, del cantar nacional.
A poco compareció en el Ayuntamiento, acompañada de su marido y de su padre la cantadora de fama y renombre universal en toda tierra baja de Aragón, Asunción Delmás. De soltera, había sido el encanto del pueblo, el objeto de culto y homenaje de todas las rondallas, el quebradero de cabeza de los que se marchaban a servir al rey, para contar en todas las provincias cómo se cantaba en su lugar la jota. De casada, era la delicia de su hogar, y adormecía á sus pequeñuelos con las innúmeras, sentimentales y tiernas coplas de su repertorio. Antes, fresquísima garganta, soltaba á raudales las notas. Ahora, era avara de la jota como si quisiera conservar para sus hijos la tradición pura y clásica de aquel estilo, de aquella maestría inimitables.
Con la venia de su marido y de su padre, que se la otorgaron de buen grado, para satisfacer nuestras porfiadas instancias, se sentó en una silla, que correspondía precisamente al sitio que ocupa de ordinario la primera autoridad municipal cual si quisiere significar que encarnaba en aquel momento toda la representación de Fuentes de Ebro. Y sin hacerse de rogar, sin los melindres que parecen de rúbrica en tales casos, con espontaneidad y modestia salió de aquella boca aún roja y aún fresca la siguiente copla:
"Sin querer pisé una flor
que en tu sepultura había
de la tierra salió un ay!
se clavó en el alma mía"
Si. Aquella era la jota, la jota clásica y de buena cepa, aquella cuyo estilo y manera se han perdido aun en la misma tierra de Aragón; aquella que entra y sale por las estrofas del cantar sin tropiezo ninguno, que tiene la cadencia sentimental, el ritmo grave pero vibrante y valiente de nuestro himno nacional. Tenía algo triste, algo melancólico, algo de nostalgia de mundos mejores y mucho de los cantares Árabes en que debió engendrarse....
“No sé extrañe que yo cante
sufriendo esta pena amarga
pues aunque cantan mis labios
llora en silencio mi alma”
Al acabar cada copla resonaban aplausos prolongados, nutridísimos y se juntaban en un mismo vítor de entusiasmo las voces infantiles de los niños de la escuela y las varoniles voces de los mozos del pueblo.
La guitarra continuaba tocando. pero de pronto aceleró el compás y nos dejó oír Santiago Lapuente, las primeras notas de la fiera, de la jota clásica y genuina, original y singularísima de Fuentes de Ebro. No se podía acompañar mejor, pero tampoco podía darse una más brava, inspiradísima cantadora. Allá va la fiera...
“Hay amores de capricho
y hay amores de ilusiones.
hay amores que se alquilan
como las habitaciones.”
“A una piedra de tu calle
le conté yo mi dolor
que de cosas le diría.
que la piedra se partió”.
Y así siguieron las coplas... Llegó la hora del tren que regresaba á Zaragoza. Nos pusimos todos en pie y emprendimos la marcha por las calles del pueblo. Delante Iban varios mozos con teas. encendidas. Ante una casa de humilde apariencia nos detuvimos. Era la casa de Asunción Delmás.
Ella, como para hacernos la postrera fineza, cantó asomada al balcón la última copla sin esfuerzo alguno, como quien manda en su voz y en su garganta. Se oyó en el silencio de la noche este verso:
«Se parecen á mis males....”
Y después la jota, la jota que llenaba los espacios.
Lentamente se alejó la procesión, mientras que arriba en el balcón la cantadora cerraba la jota repitiendo el primer verso... Y el cuadro era fantástico. Una noche oscurísima, una noche sin luna y sin estrellas, cuyas tinieblas combatían las teas encendidas, proyectando nuestras sombras en la carretera, Nos llamábamos por nuestros nombres para no perdernos. Chisporroteaban las teas y el viento las apagaba y volvían á encenderlas. Y los de las guitarras seguían llenando los ámbitos con sus notas y en nuestros oídos. continuaba resonando el cantar dulce, grave, tiernísimo...
Mientras que allá en el pueblo se habían disipado todos los ruidos y sólo cantaba aún Asunción Delmás. Pero un cantar que era arrullo. Con el seno desnudo al que estaba como prendido un tierno pequeñuelo, teniendo como compás y acompañamiento el vaivén de la silla en que mecía á su hijo, susurraba Asunción copla divina, musa de su hogar bendito, aura de maternidad y dicha..... LUIS MOROTE
LA JOTA DE LA FIESTA
y hay amores que se alquilan como las habitaciones,
Íbamos ya templados. En la Posada de las Almas donde acabábamos de devorar el espinay clásico y de trasegar el vino añejo, hablan ya comenzado el cante y el jolgorio.
Conocía yo de Zaragoza con la mesa excelente, y el trato delicado, y la dama honradísima, llena de orgullo y de pureza, de aquella sociedad, la jota, la jota que es himno, la jota que es plegaria, y es canto de guerra y es hasta homenaje que se ofrece a la Pilarica en los rezos.
Ahora en el manjar picante, y en el trato rudo y en la moza de partido, iba á conocer la otra jota; la que se canta en la mancebía y en el tablado; la que es grito, y es queja, y es desgaire sin reparos y es aperitivo para el vicio; la que teniendo un abuelo común con el polo, y la malagueña y la solea de Andalucía, en los cánticos. moros ha conservado de los dominadores nuestros la parte fiera y enérgica que enciende, como las coplas de mi tierra guardan la voluptuosa y suspirante que enerva y que desmaya...
Mediano intelectual-como los franceses dicen y como aún no decimos aquí porque aquí no “intelectualizamos” nada me fijé en Amalia, cuyo verdadero nombre no es Amalia, pero cuyo apodo gráfico es la fiera..
Mientras la guitarra punteaba y de la bandurria salía el tic tac epiléptico, Madame iba diciendo sin reposo, “canta, niña”, “bebe, niña”; y de las gargantas sin frescura y de las bocas sin encantos iban surgiendo jotas de esas desgarradas, bravías, hasta dolientes que cuando se entonan entre el vino y con el vapor del vino se oyen, encienden y electrizan y ponen en la sangre fuego y en los ojos llamas.
Amalia, de mal vino, no quería cantar su copla famosa, aquella jota suya, cuyos motivos eran siempre lúgubres y cuyos acentos eran siempre repletos de fiereza. Mirándose entre forasteros, “no quiero ser muñeco que se muestra en ferias”, exclamó con su lenguaje lleno de palabras sin pudor y de conceptos en que la cortesía más rudimentaria jamás tuvo cabida. Llovieron sobre. Amalia denuestos y censuras y hasta Madame quiso pegarle.
O yo tenía también un vino raro o yo entendía a aquella mujer. Y contra la turba de hombres ya borrachos, yo, tal vez más borracho que ninguno, me convertí en el defensor de Amalia, de la fiera, que se sentó á mi lado y sin decir palabra, con el ceño arrugado, y cerrada la boca en el mutismo y cargada la fisonomía de sombras, iba apurando el vino que sólo yo le daba.
Corría de mano en mano el mosto, iban corriendo de boca en boca los cantares, iba corriendo de pecho en pecho la alegría, esa alegría que daño, que es siempre un artificio y siempre el prólogo de un día que transcurre.
Biblioteca Nacional de España

Un espectáculo de masas: A mediados del siglo XIX, en Madrid.
Que buscaba un músico de cuna y escuela aristócrata de New Orleans en una España sometida, ahora por franceses.
Louis Moreau Gottschalk visitó España entre 1851 y 1852, de la mano de gente de extraña procedencia y de alto rango, fascinado por el folclore español, Actuó en lugares y familias de alto postín, su música no influencio para nada en las casas o cantinas, escuelas de nuestra música Pop. Algo que también viene a demostrar que la Música la mueven los Pobres, en dinero.
En 1852, Madrid, compuso lo que la intelectualidad tilda de una colosal e impactante pieza musical titulada “El sitio de Zaragoza”, concebida originalmente como una sinfonía para 10 pianos y cerca de 30 pianistas. . Para multiplicar la potencia y el impacto visual, colocó a varios pianistas compartiendo el teclado de cada instrumento, sumando decenas de manos tocando simultáneamente a un ritmo frenético
Esta obra causó un tremendo revuelo en la corte española de la reina Isabel II de Borbón, quien le otorgó a Gottschalk la prestigiosa Cruz de la Orden de Isabel la Católica y el título de caballero por su aportación a la música de inspiración española.
El propio Gottschalk extrajo el fragmento más exitoso y brillante de esta sinfonía de masas para publicarlo de forma independiente como una pieza solista para piano o piano a cuatro manos: La Jota Aragonesa
Gottschalk. Dicen de origen criollo de Nueva Orleans viajó a España y dicen que se percató del fervor patriótico que aún despertaba la resistencia española frente a Napoleón y por consecuencia con los Borbones.
Las Jotas cuanto más populares mejor, pero los premios para los que ya tienen. El mundo lo ve como un gran intelectual y a las jotas pobres.
Pericón de Cadiz y Felix de Utrera, Alegrias













