La Chunga
La Chunga
Bailaora y Pintora: de Barcelona al Mundo.
Micaela Flores Amaya
Micaela Flores Amaya
La Chunga
“Quiere decir renegría, fea y poca cosa”
Una de las Bailaoras hecha en Barcelona, ciudad desde donde salió proyectada al Mundo . Su escuela fue la Familia y esos Barrios que mantuvieron el espíritu del Flamenco de una forma original y genuina en la ciudad hasta la llegada de Hollywood.
Hace poco más de un año que falleció y como decía ella Barcelona la olvidó.
“He pasado hambre y frío, viviendo en las barracas. Pero aun así, creo que desde que estaba en la barriga de mi madre, ya tenía suerte, porque hasta le regalaban ropa para mí. Puede que haya nacido con estrella, por eso siempre que veo pasar un avión pienso: 'ahí voy yo'”.
Vino al mundo en el carro de la familia en las afueras de Marsella en 1938 mientras su gente se buscaba la vida escapando de la guerra.
Sus padres, gitanos: Paco Flores de origen andaluz y Joaquina Amaya, catalana, ya habían residido anteriormente en Barcelona, sin embargo habían huido debido a la guerra no regresaron hasta 1948. Ella entonces contaba con 9 años de edad.
Su popular apodo de "La Chunga" se lo puso su propia familia porque, según aseguraban, de niña era muy pequeña y muy fea.
Prima de la bailaora Carmen Amaya, se crio en un ambiente flamenco y gitano, desde niña comenzó a mostrar su talento, estando su infancia marcada por las celebraciones familiares y las fiestas tradicionales.
Se crio en los barrios de barracas de Montjuïc, la extensión urbanizada sólo cruzando el Paralelo desde el Barrio Chino, donde vivió en la calle de Sant Pau.
Antes de convertirse en el pulmón verde y cultural de Barcelona, la montaña de Montjuïc fue hogar de miles de personas que, en condiciones precarias, construyeron sus vidas en sus laderas, construyendo sus barracas durante gran parte del siglo XX. Una Barcelona olvidada que existió al margen de la ciudad oficial. La mayoría de estas familias procedían de otras zonas de España y llegaron durante las grandes oleadas migratorias del siglo XX, especialmente tras la Guerra Civil. Convivían Gitanos y no.
Empezó a bailar en Ca la Rosita, una bodega de la avenida del Paralelo frecuentada por la comunidad gitana donde realizaban sus fiestas y verbenas. Acompañada de una prima suya actúan por distintos bares del popular Barrio Chino, que después de la guerra empezó a entrar en decadencia y la escena flamenca cruza Las Ramblas, se traslada a la calle Escudellers, Charco la Pava, y colindantes.
En una de esas actuaciones Francisco Rebés, productor e importante figura del flamenco, descubrió arte y potencial en aquella niña convirtiéndose en su padrino. Recibe formación con Emma Maleras, en verano del año 1953.
Desarrolló su propio estilo, siempre descalza porque le molestaban los zapatos, lo que no le impidió llegar a ser una de las figuras del flamenco, convirtiéndose en "la musa gitana" de artistas e intelectuales de la época como Picasso, Salvador Dalí, Joan Miró, Blas de Otero, José Manuel Caballero Bonald, León Felipe y Rafael Alberti
“Aquello era en Barcelona. Recuerdo que era una mesa grandísima, con gente muy importante, desde fotógrafos
hasta escritores, y cada uno se pagaba lo suyo. La verdad que estaba rodeada de hombres, yo era la musa”.
En 1955 Francisco Rebés la presentó en el cabaret Emporium, calle de Muntaner, lo cual supuso su lanzamiento profesional como bailaora que acabó recorriendo medio mundo con su arte con un gran reconocimiento.
Recordaba a la actriz Ava Gardner.
“Era de una belleza increíble, que ni pintándola se podría plasmar. Y además buena gente. Vino a verme al Café de Chinitas, y al terminar mi número me esperó. Quería contratarme y yo le decía que estaba muy dolorida de los pies, que no sé si podría bailar esa misma noche. A pesar de ello, me llevó a su chalet y al ver que yo estaba con tanta molestia, me sacó una palangana con agua caliente y unos polvos. Y ahí me tuvo tanto rato que cuando los saqué tenía ya los pies arrugados”.
“Esta gente, estando arriba del todo, no le daban importancia a nada, eran amables y sencillos, me trataban con cercanía. Luego te encuentras con otros que están empezando y ya se creen Dios”.
Camilo José Cela. Así recuerda la artista su vínculo con el premio Nobel.
“Cuando yo bailaba en Palma de Mallorca, siempre venían a verme él y su mujer, muy atentos conmigo. Luego muchas veces me invitaba a su casa y Cela siempre me preparaba lo mismo, unas galletas con una Coca Cola”.
Tras retirarse como bailaora, se dedicó de pleno a la pintura, talento que también descubrió en Barcelona.
“Todo comenzó cuando yo trabajaba de modelo para el que fue mi descubridor, el pintor Paco Rebés. Pero de modelo como se entendía en aquel entonces, nada de desnudos. Él me pagaba unas 15 pesetas. Una de las veces, en el estudio, me aburría como una ostra, y entonces me puse con los pinceles para distraerme. Así empecé a pintar”.
“El baile por supuesto, ese es mi arte, me sale de dentro. La pintura es una afición, aunque muchos la valoran, pero bailando es como le compré la casa a mis padres, toda la ropa, mi propia casa. Con el baile yo salí de la pobreza”.
“Luis Miguel Dominguín me invitó a verle torear y él me presentó a Picasso. Él estaba sentado en una mesa de mármol, con su mujer y su hijo. Le llevé un jamón y le regalé un cuadro mío. Por cierto que el hijo quería roneo conmigo, y yo para nada, quita, con lo feo que era”.
De aquel encuentro surgió la frase que Picasso dijo sobre La Chunga:
“He necesitado 70 años para hacer lo que hace esta chiquilla”
Tanto el baile como la pintura son el fruto de lo que salía de su interior, sin escuela alguna.
Que la memoria histórica tan reivindicada no la deje al margen de una realidad ineludible.
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